Cueva del manzano 1

Publicado en: Uncategorized el Jueves, 12 enero 2012 por:

Como cada jueves hoy iniciamos una leyenda que por su extensión, dividiremos en capítulos

Fue por el mes de octubre de 1900 cuando en este pueblo y en los comarcanos sé propagó la noticia del crimen de “la barranca del muerto”. Noticia que no hubiera producido tanta impresión si no hubiera estado íntimamente ligada con la leyenda del “tesoro de la Cueva del Manzano”.
Mucho se habló sobre el particular y hasta se organizó una expedición en busca del tesoro, en el lugar de los acontecimientos, sin resultado práctico alguno, quedando pronto olvidado el suceso.

Como en la vida nada ocultó, al cabo de los años el protagonista del drama de aquel entonces, con toda buena voluntad me refirió el caso en la forma siguiente:
***
“Usted recordará al finado Antonio Martínez, entre él y yo existía una íntima amistad, la que nos hacía tratar como si fuéramos hermanos. Un día que iba para mi labor, lo encontré sentado en un recodo del camino en actitud pensativa. Al verme se levantó, y después de saludarme, me enseñó unos papeles, diciéndome: —mira Enrique, hace unos días encontré en un viejo arcón de la casa estos documentos que hablan de la existencia de un tesoro. ¿Quieres ir conmigo a buscarlo? En nadie tengo confianza sino en ti, no vayas a decirme que no, para que te convenzas lee estos papeles y ya verás que si la suerte nos favorece, seremos muy ricos.— Tomé los mencionados papeles, y más por curiosidad que por codicia, los leí desde luego, pues era poco lo escrito, y le ofrecí que iba a pensar en el caso y le resolvería después. Nos despedimos, yéndonos cada uno para su trabajo.
Dos días más tarde nos encontramos nuevamente en el comercio de don Teodoro, allí, mientras tomábamos una copa, Antonio recordó el asunto de si íbamos o no en busca de lo que hablaban los papeles. A mí, riendo, se me ocurrió comentarle a Don Teodoro que a mi amigo se le había metido en la cabeza la idea de que era cierto lo del Tesoro de la Cueva del Manzano, tan sólo porque se encontró con unos papeles que hablaban del sitio, en que dicen, se encuentra la cueva. Antonio recibió mal lo que había dicho, confirmándolo el hecho de que Don Teodoro insistente le rogaba le enseñara los papeles, ofreciéndole acompañarlo, pero se negó rotundamente y hasta de mal humor.
Ya en la calle mi amigo, aún molesto, me dijo: —no seas indiscreto, dime, quieres ir o no, piensa que se trata de mucho dinero y que esto no debemos saberlo más que tú y yo, pues hay gente que sería capaz de asesinarnos por esos documentos.— Para enmendar la falta que había cometido y para que Antonio quedara contento, me comprometí, en mala hora, a ir con él cuando quisiera, quedando convenidos en esos momentos en que tres días después emprenderíamos la marcha, en busca de aquel maldito tesoro.

 

Fuente
 Raúl Jardón
Peñaloza, Inocente (1992), Mitos y leyendas del Estado de México. Toluca: Gobierno del Estado de México.

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